SERMÓN 327

Traductor: Pío de Luis Vizcaíno, OSA

Tema: La causa del mártir.
Lugar: Desconocido.
Fecha: Una fiesta de mártires. En los años 405—411.

1. Con la voz de los mártires hemos cantado a Dios: Júzgame, ¡oh Dios!, y distingue mi causa de la de la gente malvada1. Es la voz de los mártires. ¿Quién se atreverá a decir: Júzgame, ¡oh Dios!, sino quien tiene una óptima causa? Al alma se la tienta con promesas y amenazas, se la ablanda con el placer y se la atormenta con el dolor: todo esto lo superaron por Cristo los mártires invictos. Vencieron al mundo con sus promesas y amenazas. Ni los dominó el placer ni los aterrorizó el tormento. El oro purificado en el crisol no teme el fuego del infierno. Por eso, como purificado por el fuego de la tribulación, el bienaventurado mártir dice tranquilo: Júzgame, ¡oh Dios! Juzga cuanto de bueno encuentres en mí; tú me has dado lo que te agrada; hállalo en mí y júzgame. No me dominó la dulzura del mundo ni me separará de ti la tribulación del siglo. Júzgame y distingue mi causa de la de la gente malvada2. Son muchos los que sufren tribulaciones; pero, siendo idéntica la pena, no lo es la causa. «Muchos males padecen los adúlteros, los malhechores, los salteadores y homicidas, los criminales todos; muchos males, dice, padezco también yo, tu mártir; pero distingue mi causa de la de la gente malvada3, de la de los salteadores, homicidas y criminales de toda clase. Pueden sufrir lo mismo que yo, pero no tener la misma causa. En el horno, yo soy purificado, ellos reducidos a cenizas.» También los herejes lo sufren, muchas veces de su propia mano, queriendo que se les tenga por mártires. Pero contra ellos hemos cantado: Distingue mi causa de la de la gente malvada. Al mártir no lo hace la pena, sino la causa.

2.En la pasión del Señor había tres cruces; idéntico era el castigo, pero no la causa. A la derecha estaba un ladrón, a la izquierda otro; en medio estaba el juez, pendiendo de la cruz entre uno y otro, como pronunciando sentencia en un tribunal. Escuchó que uno le decía: Líbrate, si es que eres justo; oyó que el otro le corregía, diciéndole: ¿No temes a Dios? Nosotros sufrimos esto por los males que hemos realizado, mas éste es justo4. Personalmente, tenía una causa mala, pero distinguía la causa de los mártires. ¿Qué otra cosa significa: Nosotros sufrimos esto por los males que hemos realizado, mas éste es justo? ¿Quién puede distinguir la causa de los mártires de la causa de los malvados que sufren el castigo? «Este, dijo, se ve que es justo; nosotros sufrimos por culpa nuestra, por nuestros males.» Señor; advierte lo que dice a su compañero de pena. Cristo estaba colgado como él, pero no envilecido como él. Quien colgaba lo reconocía como Señor. El mismo tormento de la cruz los asociaba; pero el premio no era el mismo. ¿Qué estoy diciendo? ¿Otorgas un premio a Cristo, dador de todos los premios? Señor, dijo, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino5. Lo veía colgado y crucificado, y, sin embargo, esperaba que iba a reinar.» «Acuérdate de mí, le dijo; pero no ahora, sino cuando llegues a tu reino. Yo he cometido muchos males, confesó; no espero un descanso inmediato. Bástenme los tormentos sufridos hasta tu llegada. Sea atormentado ahora; mas, cuando vengas, perdóname.» Él lo aplazaba, pero Cristo ofrecía el paraíso a quien no lo pedía. Acuérdate de mí; pero ¿cuándo? Cuando llegues a tu reino. Y el Señor: «En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso6. Mis discípulos me abandonaron, perdiendo la esperanza en mí, mientras que tú me reconociste en la cruz; no me despreciaste hallándome a punto de morir y esperaste en que iba a reinar: Hoy estarás conmigo en el paraíso. No me alejo de ti.» La causa es diferente; ¿lo es la pena? Bueno es, pues, este grito: júzgame, ¡oh Dios!, y distingue mi causa de la de la gente malvada7. Cuantos vivimos en este mundo esforcémonos por tener una causa buena, para que, si nos acaece algo en él, salgamos del mismo con buena causa.