SERMÓN 95

Traductor: Pío de Luis Vizcaíno, OSA

La multiplicación de los panes1 y el traje de boda2

1. Exponeros las Sagradas Escrituras es como partiros el pan. Vosotros, hambrientos, recibidlo y eructad la hartura con la alabanza del corazón. Y los que sois de mesa bien abastecida no seáis escasos en buenas obras y acciones. Lo que os sirvo no es mío. De lo que coméis, de eso como; de lo que vivís, de eso vivo. En el cielo tenemos nuestra común despensa, pues de allí procede la palabra de Dios.

2. Los siete panes significan la septiforme operación del Espíritu Santo3; los cuatro mil hombres, la Iglesia constituida sobre los cuatro evangelios; las siete canastas de restos4, la perfección de la Iglesia. Muy frecuentemente se simboliza la perfección mediante este número. ¿A qué se debe que se haya dicho: Te alabaré siete veces al día?5. ¿Erraría acaso el que no alabase al Señor tantas veces? ¿Qué significa, pues, te alabaré siete veces, sino: Nunca cesaré de alabarte? En efecto, quien dice siete veces indica todo el tiempo. Por ello, el tiempo discurre en un ciclo de siete días. ¿Qué significa, pues, te alabaré siete veces al día, sino lo que se dice en otro lugar: Su alabanza está siempre en mi boca?6. Debido a esa perfección misma, el apóstol Juan escribe a siete iglesias. El Apocalipsis es un libro en el que san Juan evangelista escribe a siete iglesias7. Ateneos a la verdad; reconoced las canastas8. Pues no se perdieron los restos, sino que, al pertenecer también vosotros a la Iglesia, os han sido ciertamente de provecho. Cuando os expongo estas cosas, estoy al servicio de Cristo; vosotros, al escucharlas con tranquilidad, estáis recostados a la mesa. Aunque físicamente estoy sentado, en cuanto al corazón estoy de pie a vuestro lado y con solicitud os sirvo, no sea que a alguno de vosotros le repugne no el alimento, sino el plato. Sabéis, pues lo habéis oído con frecuencia, que el banquete que ofrece Dios lo busca el espíritu, no el vientre.

3. Ciertamente, con siete panes se saciaron cuatro mil hombres9. ¿Hay algo más maravilloso? Y, con todo, hubiese sido poco si no se hubiesen llenado también siete canastas con los restos. ¡Grandiosos misterios! Eran obras que hablaban. Esas acciones, si las comprendes, son palabras. También vosotros pertenecéis a los cuatro mil, puesto que vivís bajo el cuádruple evangelio. En tal número no se contaron las mujeres y los niños. Así está escrito: Los que comieron eran cuatro mil hombres, sin contar las mujeres y los niños10. Como si fuesen innumerables los faltos de seso y los afeminados. Con todo, coman también estos. Coman, sí; quizá los niños crezcan y dejen de serlo; quizá los afeminados se corrijan y se hagan castos. Coman: yo doy, estoy pendiente de ellos. Mas quiénes sean estos, lo sabe Dios que examina a los asistentes al banquete ofrecido por él y, si no se han corregido, quien sabe invitar sabe también apartar11.

4. Lo sabéis, amadísimos; recordad la parábola evangélica; recordad que el Señor entró a examinar a los sentados en cierto banquete ofrecido por él. Como está escrito, el padre de familia que había invitado encontró allí un hombre desprovisto del traje de boda12. Había invitado a la boda el esposo, por su aspecto más hermoso que todos los hijos de los hombres. Como su esposa era fea, ese esposo se hizo feo para hacerla hermosa. ¿Cómo se hizo feo quien era hermoso? Si no lo demuestro, soy un blasfemo. El profeta me da un testimonio de su hermosura al decir: Más hermoso por su aspecto que los hijos de los hombres13. Otro profeta me aporta el testimonio de su deformidad al afirmar: Lo hemos visto y no tenía hermosura ni decoro; al contrario, su rostro era abyecto y su compostura deforme14. ¡Oh profeta que dijiste: Más hermoso por su aspecto que los hijos de los hombres!: se te lleva la contraria; otro profeta sale al estrado contra ti y dice: «Mientes, lo hemos visto; ¿por qué dice: Más hermoso por su aspecto que los hijos de los hombres? Lo hemos visto y no tenía hermosura ni decoro». Entonces, ¿se hallan en desacuerdo estos dos profetas a propósito del que es ángulo de paz? Ambos hablaron de Cristo, ambos se referían a la piedra angular15. En el ángulo se ponen de acuerdo las paredes. Si no se han puesto de acuerdo, no hay edificio, sino ruinas. Los profetas van de acuerdo, no los dejemos en discordia. Más aún, reconozcamos su paz, pues no saben litigar. ¡O profeta que dijiste: Más hermoso por su aspecto que los hijos de los hombres!, ¿dónde lo has visto? Responde; responde dónde lo viste. Existiendo en forma divina, no consideró como objeto de rapiña el ser igual a Dios16. Ahí lo he visto. ¿O dudas, acaso, de que quien es igual a Dios es más hermoso que los hijos de los hombres? Tú ya has respondido; responda ahora el que dijo: Le hemos visto y no tenía hermosura ni decoro. «Eso has dicho; di dónde lo has visto». Comienza con las palabras del otro; donde aquel acabó, allí empieza él. ¿Dónde acabó aquel? Quien existiendo en forma de Dios, no juzgó objeto de rapiña ser igual a Dios. He aquí donde lo vio él más hermoso por su aspecto que los hijos de los hombres; dinos tú dónde lo has visto sin hermosura ni decoro. Pero se anonadó tomando la forma de siervo; hecho a semejanza de los hombres, fue hallado en su porte como un hombre. De su deformidad dice todavía: Se humilló haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz17. Advierte dónde lo he visto. Van, pues, de acuerdo estos dos pacíficos; están en paz el uno con el otro. ¿Qué hay más hermoso que Dios? ¿Qué más deforme que un crucificado?

5. Así, pues, este esposo, más hermoso por su aspecto que los hijos de los hombres18, se hizo deforme para hacer hermosa a su esposa, a la que se dice: ¡Oh hermosa entre las mujeres!19, y de la que se dice: ¿Quién es esta que sube emblanquecida20, radiante de luz y no ennegrecida por el color de la mentira? Por tanto, este esposo que invitó a la boda halla a un hombre desprovisto del traje de boda y le dice: Amigo, ¿cómo entraste aquí sin el traje de boda? Y él se quedó callado21. No halló qué responder. Y el padre de familia, que había entrado, dice: Atadle de manos y pies y arrojadle a las tinieblas exteriores; allí habrá llanto y rechinar de dientes22. ¿De tan pequeña culpa se deriva castigo tan grande? Efectivamente es grande. Se juzga culpa pequeña no llevar el traje de boda; es pequeña, mas para quienes no entienden. ¿Si no fuese una culpa muy grave no llevarlo, cómo se iba a enfadar tanto, cómo iba a condenarlo tan duramente que, por no llevar el traje de boda, lo envió atado de pies y manos a las tinieblas exteriores, lugar del llanto y rechinar de dientes? Os digo: habéis sido invitados por mí, y si ha sido él quien lo ha hecho, lo ha hecho por mí. Todos os halláis presentes en el banquete; vestid el traje de boda. Voy a exponeros cuál es ese traje, para que todos lo vistáis y, si alguien que carece de él no me escucha, antes de que llegue el padre de familia a inspeccionar a sus invitados, cambie para mejor, adquiéralo y siéntese tranquilo.

6. En efecto, amadísimos, no creáis que el arrojado fuera simboliza a una única persona. En ningún modo. Son muchas. El Señor mismo que nos propuso esta parábola, el esposo que llama al banquete y da vida a los invitados, él mismo nos indicó allí, en el mismo pasaje, en la parábola misma, que aquel hombre no simboliza a una única persona, sino a muchas. No me voy lejos; sin salirme de la parábola misma, lo expongo; sin salirme de ella, os parto el pan y os lo doy a comer. De hecho, tras haber arrojado a las tinieblas exteriores a quien no tenía el traje de boda, añadió a continuación: Pues muchos son los llamados y pocos los escogidos23. Arrojaste fuera solo a uno y dices: Muchos son los llamados y pocos los elegidos. Sin duda, los elegidos no fueron expulsados. Y precisamente ellos, los que permanecieron recostados a la mesa, eran los pocos; los muchos estaban representados en la única persona, porque ella está en lugar del único cuerpo que componen los malos, los que no tienen el traje de boda.

7. ¿Cuál es el traje de boda? Busquémoslo en las Sagradas Escrituras. ¿Cuál es el traje de boda? Sin duda alguna se trata de algo que no tienen en común buenos y malos. Si hallamos eso, hemos hallado también el traje de boda. De entre los dones de Dios, ¿cuál es el que no tienen en común buenos y malos? Ser hombres y no bestias es un don de Dios, pero lo poseen buenos y malos. Que nos salga la luz del cielo, que las nubes descarguen la lluvia, las fuentes manen, los campos den fruto son dones de Dios, pero comunes a buenos y malos. Entremos a la boda; dejemos fuera a otros que no vinieron a pesar de haber sido llamados24. Centrémonos en los comensales, es decir, en los cristianos. Don de Dios es el bautismo; lo tienen buenos y malos. Los sacramentos del altar11 lo reciben tanto los buenos como los malos. Profetizó el inicuo Saúl, enemigo de David, varón santo y justísimo; profetizó mientras lo perseguía25. ¿Acaso se dice que solo los buenos creen? También los demonios creen, pero tiemblan26. ¿Qué haré? He sacado todo y aún no he llegado al traje de boda. He abierto mi fardo, he revisado todo o casi todo y aún no he llegado al traje. En cierto lugar el apóstol Pablo me presentó un gran fardo repleto de cosas extraordinarias; las expuso ante mí y yo le dije: «Muéstramelo si, por casualidad, has hallado en él el traje de boda». Comenzó a sacar las cosas una a una y a decir: Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles; aunque tuviera toda la ciencia y la profecía y toda la fe hasta trasladar los montes; aunque distribuyera todos mis bienes a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas27. Magníficos vestidos; sin embargo, aún no ha aparecido el traje de boda. Preséntanoslo ya de una vez. ¿Por qué nos tienes en vilo, oh Apóstol? Quizá es la profecía el don de Dios que no tienen en común los buenos y los malos. Si no tengo caridad —dice— de nada me sirve28. He aquí el traje de boda; ponéoslo, ¡oh comensales!, para estar a la mesa con tranquilidad. No digáis: «Somos pobres para poder tener ese traje». Vestid y seréis vestidos. Es invierno, vestid a los desnudos; Cristo está desnudo y a quienes no tenéis el traje de boda, él os lo dará. Corred a él, pedídselo. Sabe santificar a sus fieles, sabe vestir a los suyos que se hallan desnudos. Para que, teniendo el traje de boda, podáis no temer ser arrojados a las tinieblas exteriores, ser atado de miembros, manos y pies, nunca os falten las obras. Si os faltan, ¿qué va a hacer, si tiene las manos atadas? ¿Adónde va a huir, si tiene los pies atados? Poseed ese traje de boda, ponéoslo y estad tranquilos recostados a la mesa, cuando él venga a inspeccionar. Llegará el día del juicio. Se concede ahora un largo plazo; quien se hallaba desnudo vístase de una vez.